El Colapso de la Realidad
y la Apostasía de Occidente:
Autor: Dr. Ricardo Ramírez Carreño
Licenciado en Filosofía y Arte
Mag. Gestión Cultural
artricardoramirez@gmail.com /25/8/2026
Resumen Abstract: El presente documento examina la crisis
estructural de la civilización occidental contemporánea y el proceso de
secularización dentro de la Iglesia Católica, identificando su causa primera en
la quiebra de la filosofía realista y el triunfo del inmanentismo subjetivista.
A partir del marco epistemológico y metafísico del tomismo, se analiza cómo la
sustitución de la verdad como adecuación del entendimiento con la realidad (adaequatio
intellectus et rei) por el subjetivismo moderno desplaza la primacía del
ser en favor de la voluntad autónoma.
A través de un enfoque histórico-filosófico, el
estudio rastrea la genealogía intelectual del proceso revolucionario dividido
en fases: desde la quiebra nominalista de Guillermo de Ockham, la
Pseudo-Reforma protestante, el inmanentismo ilustrado-cartesiano y el
materialismo histórico, hasta la deconstrucción cultural contemporánea.
Asimismo, se aborda la penetración del modernismo teológico —definido como la
«síntesis de todas las herejías»— en las estructuras eclesiales durante el
siglo XX mediante corrientes como la Nouvelle Théologie y la Teología de
la Liberación. Finalmente, se evalúan las repercusiones socio-políticas y
culturales de esta metamorfosis doctrinal, destacando el destronamiento de la
Realeza Social de Jesucristo, la expansión del totalitarismo estatalista, la
desacralización de la cultura, el arte y la descomposición de la familia.
Palabras Clave: Realismo Tomista,
Inmanentismo Subjetivista, Modernismo Teológico, Metamorfosis Doctrinal,
Realeza Social de Jesucristo, Genealogía Revolucionaria, Nouvelle Théologie,
Teología de la Liberación.
Introducción
La crisis que atraviesa el pensamiento
contemporáneo y la progresiva erosión de las bases sobre las que se asentó la
Cristiandad occidental no representan un fenómeno fortuito ni una mera
discordancia disciplinar; obedecen, fundamentalmente, a un quiebre de
naturaleza metafísica. Esta crisis contemporánea, que hiere por igual al
templo, al hogar y a la academia, no responde a meros accidentes de la
historia; se asienta sobre una quiebra de naturaleza metafísica y gnoseológica.
La tradición clásica y escolástica, con San Tomás de Aquino a la cabeza,
fundamentó la actividad intelectual en el principio del realismo: la mente
humana no crea la verdad, sino que la descubre y se somete al ser objetivo (ens)
mediante la constante búsqueda de la adecuación entre el entendimiento y las
cosas (adaequatio intellectus et rei). En esta perspectiva, la realidad
posee una estructura inmutable, creada y sostenida por Dios (Ens a se),
ante la cual el hombre actúa como un observador racional llamado a ordenar la
vida práctica, la ética, la política, la cultura y las artes a las ciencias
arquitectónicas superiores y al fin trascendente. De manera análoga, la belleza
no es un mero capricho del agrado subjetivo, sino un trascendental del ser,
inseparable del Bien y de la Verdad (convertibilitas transcendentium).
No obstante, el advenimiento de la modernidad
promovió una subversión radical de dicho orden ontológico. Al desplazar el eje
cognoscitivo del objeto al sujeto, la filosofía moderna introdujo la noción del
inmanentismo subjetivista, mediante la cual se pretende que la realidad se
pliegue a las estructuras a priori del pensamiento o a las exigencias del
sentimiento. La modernidad decretó el principio de la independencia de la razón8,
recluyendo al sujeto en la inmanencia de su propio pensamiento (desde la
escisión cartesiana hasta las estructuras a priori de Kant), el ser objetivo
fue destronado1. Al declararse la incognoscibilidad de las esencias,
el intelecto dejó de actuar como un "espejo fiel" o una "cámara
fotográfica" destinada a registrar fielmente la realidad1,
arrogándose la prerrogativa de crear sus propias verdades y sus propias
esencias1. Esta emancipación respecto a la verdad objetiva mutó
paulatinamente en idealismo filosófico, liberalismo en la moral y modernismo en
la teología. De esta inversión monstruosa brota de manera necesaria la ruina de
la Dimensión Estética y Familiar, consagrándose en el arte la tiranía del
no-ser a través del Subjetivismo Abstraccionista.
Estructura
El propósito central de este documento, es analizar
de qué manera la ideología modernista penetró en el seno de la Iglesia y
dinamitó los fundamentos conceptuales de la cultura europea e hispanoamericana.
Para ello, el estudio se estructura en tres ejes clave:
- El rastreo histórico-filosófico de las
etapas procesivas de la ruptura, abarcando desde la crisis nominalista del
siglo XIV hasta las mutaciones nihilistas del siglo XXI.
- El examen psicoteológico del modernismo, desglosando sus manifestaciones en la Nouvelle Théologie y
la Teología de la Liberación, y cómo la inmanencia vital y la evolución
dogmática alteraron la distinción clásica entre la naturaleza y la gracia.
- El diagnóstico de sus repercusiones socio-culturales, analizando fenómenos como la secularización del Estado, el
totalitarismo tecnocrático y la desacralización del arte y la familia.
Mediante este análisis, la investigación argumenta
que la neutralización del relativismo presente exige ineludiblemente la
reintegración del realismo metafísico como norma rectora de la inteligencia y
como condición indispensable para la restauración del orden temporal.
Definición de términos:
Cristiandad: se refiere al periodo histórico que va
desde el Prerrománico al Gótico, del Siglo V al XV.
Jerarquía: Hieros (ἱερός):
«sagrado», «santo» o «divino». Arkhe (ἀρχή): «mandar»,
«gobierno»,
Contenido
1. Fundamentos Metafísicos del Realismo frente al Inmanentismo
Moderno
La crisis del pensamiento contemporáneo y el
progresivo desmantelamiento de la civilización cristiana encuentran su causa
primera en una quiebra metafísica: la renuncia a la filosofía realista y su
sustitución por el inmanentismo subjetivista1. Para la tradición tomista, la nobleza del
entendimiento humano consiste en su capacidad y deber de someterse al objeto
real, definiéndose la verdad en su sentido clásico como la adecuación de la
inteligencia con la cosa (adaequatio intellectus et rei)1. Epistemológicamente, las
cosas no son el producto del pensamiento del sujeto, sino realidades objetivas
que se imponen a la inteligencia tal como son en su esencia inmutable, creada y
sostenida por Dios1. La inteligencia opera a
modo de un espejo fiel que no inventa ni construye la verdad, sino que la
descubre y se somete a ella1.
En la cúspide de la sabiduría natural se halla la
Metafísica, ciencia que estudia el ser en cuanto ser (ens) y que culmina
en el reconocimiento del Acto de Existir (esse)2. La reflexión metafísica
tomista conduce a la Teodicea o Teología Natural, reconociendo a Dios como el
Ser Subsistente por sí mismo (Ens a se), quien posee la plenitud de la
existencia de manera eterna e increada, en contraposición radical a la
totalidad de las criaturas, cuya existencia es contingente, participada y
derivada (ens ab alio)1. De la asimilación profunda de este principio
metafísico brota la verdadera postura del hombre ante el Creador y la
ordenación jerárquica de la sociedad temporal1.
El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios
(imago Dei), posee una estructura ontológica doblemente articulada2:
●
En la dimensión natural: Su naturaleza racional lo faculta para alcanzar el
conocimiento de las verdades metafísicas y dirigir la vida práctica mediante la
ética, la política y las artes2.
●
En la dimensión
sobrenatural: Elevado por la gracia divina a la filiación
adoptiva, está llamado a la contemplación intuitiva de la Santísima Trinidad
como su fin último trascendente2.
Por consiguiente, la cultura auténticamente
humana exige la subordinación de los saberes prácticos a las ciencias
arquitectónicas superiores: las artes, las técnicas (tecnología) y la economía
deben estar al servicio de la política; la política ha de orientarse a la
metafísica y a la ley natural; y la metafísica debe disponerse como praeambula
fidei a la sabiduría divina revelada y depositada en la Iglesia2.
La ideología modernista subvierte radicalmente este orden
ontológico1. Al rechazar la
subordinación de la inteligencia al ser, el subjetivismo introduce la voluntad
autónoma en el acto del entendimiento1. En el esquema modernista e idealista, la razón
humana deja de adecuarse al objeto para pretender que la realidad se adecue al
sujeto pensante: las cosas dejan de ser lo que son en sí mismas para
convertirse en lo que el sujeto piensa o siente de ellas1. Esta emancipación del
sujeto respecto a la verdad objetiva engendra el idealismo en la filosofía, el
liberalismo en la moral y el modernismo en la teología1. Al desligar la verdad de la esencia de las cosas, la verdad pasa
a concebirse como algo cambiante, compartido, histórico y en perpetua evolución1.
2. La Genealogía Intelectual del Proceso Revolucionario: De la
Quiebra Nominalista al Nihilismo Contemporáneo
El modernismo teológico no constituye un error
aislado ni una mera discrepancia académica, sino la quintaesencia de un proceso
histórico-filosófico de degradación de la Cristiandad occidental, estructurado
en faces o etapas procesivas y concatenadas2.
El proceso de ruptura comenzó en el siglo XIV con
el nominalismo de Guillermo de Ockham, el cual despojó al lenguaje y al
pensamiento de su contenido ontológico real al negar la realidad de los
universales2. Al reducir las esencias a meros nombres conceptuales, el
nominalismo incapacitó a la razón para elevarse con certeza del orden creado al
Creador mediante la analogía del ser, abriendo las puertas al fideísmo y,
falsamente, vaciando de fundamento a la teología escolástica2.
La Primera Revolución se fraguo con la inducción de las ideas gnósticas, herméticas y
místicas de grupos esotéricos que se popularizaron en el palatino, cuyo golpe
principal ocurrió en el siglo XVI con la irrupción de la Pseudo-Reforma
Protestante y el Renacimiento neo-pagano1. Martín Lutero asestó un golpe decisivo a la
personalidad pública de la Iglesia y a la primacía de la verdad sobre el juicio
individual al proclamar el libre examen e interpretar la Sagrada
Escritura mediante la inspiración individual subjetiva1. En el ámbito moral, el
protestantismo consagró el triunfo de la sensualidad al abolir el celibato
sacerdotal e introducir el divorcio1. Paralelamente, el Renacimiento relegó lo
sobrenatural a un segundo plano e introdujo un ideal humano naturalista,
pragmático y sensual que minó progresivamente la austeridad de la cristiandad (Paleocristiano
- Prerrománico - Románico - Gótico)1.
La Segunda Revolución se fraguó en la Ilustración y se ejecutó en la Revolución
Francesa de 17891. En el plano filosófico, René Descartes encerró la inteligencia
en la inmanencia del cogito, e Immanuel Kant declaró incognoscible la
realidad en sí misma (noúmeno), reduciendo el conocimiento a las
estructuras a priori del sujeto1. Jean-Jacques Rousseau disolvió la
responsabilidad racional del individuo en la tiranía de la opinión pública y la
voluntad general1.
En 1789, la Revolución Francesa, bajo la
influencia gnóstica masónica, llevó este inmanentismo a la esfera política y
religiosa, instaurando el culto deísta a la Diosa Razón y persiguiendo a la
Iglesia1. Se afirmó que toda desigualdad social o política es una
injusticia originaria y toda autoridad un peligro, rebelando a la plebe
temporal contra la aristocracia de forma simétrica a la rebelión de la plebe
eclesiástica protestante contra la jerarquía sacra1.
La Tercera Revolución encarnó en el Comunismo soviético de Marx y Lenin durante el
siglo XX1. El deísmo ilustrado derivó natural, lógica y formalmente en el
ateísmo militante; la sensualidad contra la ley moral derivó en el amor libre y
la desintegración familiar; y el orgullo igualitario embistió contra la última
de las desigualdades: la propiedad privada y la estructuración socioeconómica1. El comunismo prometió la
utopía de un paraíso anárquico e igualitario, donde el Estado y la religión
desaparecerían tras la dictadura proletaria1.
La Cuarta Revolución emerge en la segunda mitad del siglo XX como una revolución cultural y tendencial4. Inspirada por el
estructuralismo, la Escuela de Frankfurt, Gramsci y la rebelión universitaria
de mayo de 1968, esta etapa busca la desconstrucción
total de los modos de sentir, vestir, hablar y vivir4. Promueve un neopaganismo tribal en el que la razón natural
es sustituida por formas de pensamiento primario, colectivizado y de corte
parapsicológico o transpsicológico4, y el Panteísmo ecologista como la ideología de
la madre tierra, Gea o Pachamama, como el único Dios universal.
3. La Esencia Psicoteológica del Modernismo: Orgullo,
Sensualidad y Subjetivismo Relativista
En la encíclica Pascendi Dominici Gregis
(1907), San Pío X definió al modernismo como la "síntesis de todas las
herejías"3. La penetración del modernismo en la teología católica no
responde únicamente a especulaciones intelectuales, sino a la inyección de dos
pasiones desordenadas constitutivas del proceso revolucionario: el orgullo y la sensualidad1.
El orgullo, mismo
fundamento de la soberbia luciferina, alimenta un odio metafísico contra el
orden natural, contra toda autoridad y jerarquía, derivando en un igualitarismo radical que actúa en
múltiples planos4:
●
Igualdad entre Dios y el
hombre: Se intenta equiparar al Creador con la criatura
mediante el panteísmo, el inmanentismo o el laicismo ateo, instaurando un orden
temporal donde el hombre actúa como si Dios no existiera4, o el mismo fuese Dios.
●
Igualdad eclesiológica: Se busca suprimir la distinción esencial entre el sacerdocio
ministerial y el laicado, impugnando la constitución monárquica y jerárquica de
la Iglesia fundada por Cristo3.
●
Igualdad entre religiones: Se promueve el indiferentismo religioso, sosteniendo que todas
las confesiones son manifestaciones equivalentes de la experiencia divina y
despojando a la Fe Católica de su veracidad exclusiva1.
La sensualidad impulsa el
rechazo de toda norma moral objetiva
y el establecimiento del liberalismo ético4. Reclama la libertad no para el ejercicio del
bien (verdadera libertad), sino para el desahogo de los impulsos desordenados
de la naturaleza caída, minando la castidad, la modestia y el valor redentor
del sacrificio y de la Cruz1.
Desde la perspectiva del nuevo pseudo “magisterio”
antirrealista conciliar, la ideología modernista se articula sobre tres ejes
doctrinales1:
1.
Inmanencia Vital: Afirma que la religión no proviene de una Revelación divina
objetiva, externa e infalible depositada en la Iglesia, sino de un sentimiento religioso que brota de la
subconsciencia humana3. Siguiendo al naturalismo
moderno, el modernismo teológico “desmitologiza” la Sagrada Escritura: niega el
carácter histórico de los milagros, la expulsión de demonios y los
acontecimientos sobrenaturales de Cristo, reduciéndolos a símbolos psicológicos
o mitos explicables por causas naturales1.
2.
Evolución Radical del
Dogma: Al rechazar la existencia de esencias
inmutables, el modernismo proclama que las fórmulas dogmáticas deben
reinterpretarse y ajustarse continuamente en función del progreso de las
ciencias profanas y de las exigencias cambiantes de cada época1.
3.
Reducción Secularista de
la Salvación: Se desdibuja la primacía de lo sobrenatural
sobre lo natural3. La misión de la Iglesia se desvía de la salvación eterna de
las almas hacia el activismo socio-político temporal, promoviendo metas
seculares como el globalismo, el ecologismo, la ideología de género, el
igualitarismo, la redistribución económica o la fraternidad laica
indiferenciada3.
4. La Infiltración Eclesial: De la Nouvelle Théologie a
la Teología de la Liberación
Durante la segunda mitad del siglo XX, la ideología modernista penetró
masivamente en las estructuras formativas, académicas y pastorales de la
Iglesia a través de dos corrientes teológicas principales: la Nouvelle
Théologie y la Teología de la Liberación3.
La Nouvelle Théologie y la erosión de la Escolástica
Tomista
Frente a la orientación tomista impulsada por Pontífices como León XIII (Aeterni
Patris), San Pío X (Pascendi) y Pío XI (Studiorum Ducem),
teólogos europeos como Henri de Lubac, Yves Congar, Karl Rahner, Edward
Schillebeeckx y Hans Küng impulsaron la Nouvelle Théologie3. Bajo el falso lema de “una
vuelta a las fuentes patrísticas” (ressourcement), estos autores
abandonaron la precisión analítica de la escolástica e introdujeron en la
teología categorías tomadas de la fenomenología, el existencialismo y el
idealismo alemán3.
En 1946, el teólogo tomista Réginald
Garrigou-Lagrange denunció que la Nouvelle Théologie implicaba un
retorno al modernismo e introducía un relativismo dogmático al alterar la
noción tradicional de verdad3. El error metodológico central de esta corriente
consistió en desdibujar la distinción entre la naturaleza humana y la gracia
sobrenatural3. Al postular en obras como Surnaturel de De Lubac que la
naturaleza creada está naturalmente ordenada a la visión beatífica, se
naturaliza la gracia y se despoja al orden sobrenatural de su absoluta
gratuidad3. Pío XII condenó formalmente estas posiciones en la encíclica Humani
Generis (1950), reafirmando la doctrina escolástica tradicional3. Sin embargo, la
posterior influencia de estos teólogos en el Concilio Vaticano II consolidó el
abandono sistemático del tomismo3.
La Teología de la Liberación y la instrumentalización marxista
En Hispanoamérica, el inmanentismo modernista adoptó la forma de la Teología de
la Liberación, representada por autores como Gustavo Gutiérrez, Raúl Silva
Henríquez y Leonardo Boff6. Esta corriente asumió el análisis marxista de la
sociedad como su principio hermenéutico determinante para la relectura de la fe6:
●
Primacía de la Ortopraxis
sobre la Ortodoxia: Se postula que la verdad no antecede a la acción
como una luz revelada, sino que se genera en y por el compromiso histórico de
la praxis revolucionaria6.
●
Reducción Política de la
Redención: Se asimila al "pobre" bíblico con el
proletario explotado dentro del marco del capitalismo6. El pecado es
interpretado primordialmente como una "alienación socio-política" o
"estructura injusta", despojando a la salvación de Cristo de su
trascendencia escatológica para reducirla a un mesianismo temporal y terrenal6.
●
Subversión Eclesiológica: Se introduce la dialéctica de la lucha de clases dentro de la
Iglesia, contraponiendo una presunta "Iglesia Popular de la base" (el
pueblo de Dios inspirado por el Espíritu Santo) a la "Iglesia
Jerárquica e Institucional"6. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en
1984, cuya cabeza era el cardenal Joseph Ratzinger, en su instrucción Libertatis
Nuntius, señaló que esta postura destruye la unidad del Cuerpo Místico y
anula la autoridad del Magisterio6.
La Crisis Postconciliar y la Auto-demolición Eclesial
La aplicación de estas ideas derivó en lo que diversos Papas y analistas
caracterizaron como una crisis sin precedentes dentro de la Iglesia3. El silencio del Concilio
Vaticano II respecto al comunismo ateo y la implementación de la Ostpolitik
vaticana desarmaron la resistencia católica frente a la expansión soviética3. Pablo VI y Juan Pablo II
constataron con dolor la difusión de herejías abiertas en el campo dogmático y
moral, la alteración desacralizadora de la Liturgia y un proceso de
"auto-demolición" interior en el que la "humareda de
Satanás" penetró con creces en el templo de Dios3.
5. Repercusiones Socio-Históricas y Culturales: La Construcción
de la Ciudad Anticristiana
La marginación del realismo tomista y el triunfo de la ideología modernista han
transformado radicalmente la estructura social, política y cultural de la
civilización occidental1 cristiana
El Destronamiento de la Realeza Social de Jesucristo
El efecto político decisivo del modernismo ha sido el abandono de la doctrina
del Reinado Social de Jesucristo, solemnemente expuesta por Pío XI en la
encíclica Quas Primas (1925)1.
El triunfo de las ideas masónicas, tras dos
guerras mundiales, promovidas por ellos, ha traído consigo la asimilación del liberalismo en materia de libertad religiosa, y con ello, la
doctrina social de la Iglesia se distanció del principio tomista de la
confesionalidad del Estado1. La filosofía realista sostiene que el Estado,
como sociedad perfecta en el orden temporal, tiene el deber moral de reconocer
la Religión verdadera, adecuar sus leyes a la Ley Natural y apoyar la salvación
de las almas1. Al proclamar la neutralidad o incompetencia del Estado en
materia religiosa y equiparar legalmente la Verdad Divina con los falsos
cultos, las naciones tradicionalmente católicas secularizaron sus
instituciones, abriendo paso al indiferentismo legal y a la apostasía pública
de los pueblos1.
El Totalitarismo Estatal y la Torre de Babel Tecnocrática
Como previó el pensador Julio Meinvielle, la emancipación de la sociedad
temporal respecto a la tutela espiritual de la Iglesia no trajo consigo una
mayor libertad humana, sino un totalitarismo secularizado2. Al quebrar el orden
sacral de la Cristiandad y eliminarse la primacía de la Ley Divina, el Estado
moderno se constituyó en una entidad absoluta que pretende abarcar la totalidad
de la vida humana2; absolutismo y totalitarismo ateo.
La sociedad contemporánea se organiza como una
colosal Torre de Babel tecnocrática2. Privado del fin trascendente y de la
contemplación de Dios, de la verdad, bondad y belleza objetiva, el hombre queda
reducido a un engranaje anónimo dentro de una maquinaria económica y
cibernética orientada exclusivamente a la producción, al consumo y placer
material, y al dominio de la naturaleza exterior2. Las corporaciones e
instituciones intermedias de origen natural y tradicional son paulatinamente
destruidas o intervenidas por el totalitario dirigismo estatalista2.
Subversión en la Dimensión Artística, Cultural y Descomposición
de la Familia
En la esfera de la vida cotidiana, el igualitarismo y el permisivismo liberal
progre han degradado el tono general de la cultura4. Por esto, es de
imperiosa necesidad metafísica, someter a un riguroso examen desde la filosofía
perenne a la cultura y el arte, para comprender las dimensiones más íntimas y
devastadoras de los Fundamentos Metafísicos del Colapso. Para la inteligencia,
cimentada en el realismo de las esencias y en la teología clásica, el arte y la
belleza no son variables secundarias o meros adornos de carácter subjetivo.
Son, por el contrario, la expresión visible de la ordenación de las criaturas
hacia su Creador.
Cuando la Apostasía de Occidente operó la quiebra
de la gnoseología tomista, entronizando la primacía de la voluntad autónoma y
el inmanentismo subjetivista, el desmoronamiento subsiguiente descendió de
inmediato hacia la Dimensión Estética y Familiar. Al corromperse la noción del
Bien objetivo y de la Verdad inmutable, el trascendental de la Belleza
(pulchrum) resultó necesariamente ultrajado, dando paso a una sistemática
consagración del no-ser: el Feísmo.
Procedamos a desmenuzar esta pavorosa ruina
artística y su íntima ligazón con la descomposición de la familia cristiana,
guiados por la filosofía perenne y el magisterio de siempre.
Las artes y la fabricación exterior no son ámbitos
neutros ni meros desahogos emotivos, sino actos dirigidos por la razón práctica
(recta ratio factibilium) que forman parte integral de la cultura y
deben subordinarse al fin último del hombre. La belleza no es una apreciación
mudable y relativa al capricho del sujeto; es una propiedad objetiva del ser,
convertible con la verdad y la bondad (convertibilitas transcendentium). El
arte auténtico, al reflejar la belleza objetiva de la Creación, actúa como un
vehículo sacralizador que eleva el entendimiento y la sensibilidad hacia Dios.
La Filosofía realista nos demuestra que la “Belleza”
auténtica, es el fundamento del Arte, y es definida con tres notas esenciales:
1.
Integritas (integridad):
La plenitud de ser del objeto, que rechaza toda mutilación o privación
defectuosa.
2.
Debita proportio
(proporción debida): La armonía intrínseca de las partes con el todo y de este
con su fin moral.
3.
Claritas (claridad o
esplendor de la forma): La irradiación de la luz inteligible y de la esencia
divina a través de la materia, suscitando el apetito intelectual del bien y la
verdad.
El arte auténtico, por
tanto, pertenece al dominio de la razón práctica (recta ratio factibilium) y
debe subordinarse al fin supremo de la persona, actuando como un vehículo
sacralizador que eleva el entendimiento y los sentidos hacia el Creador.
Sin embargo, el proceso revolucionario, el
modernismo, han instrumentado una subversión radical en la dimensión artística
a través de la llamada "revolución en las tendencias" y costumbres. Si
el bien ha sido degenerado, la belleza fundamento del arte, también lo ha sido.
En el inmanentismo modernista, al desligar la
creación de su orden ejemplar en el Verbo divino, opera una inversión
metafísica monstruosa. El trascendental belleza, indivisible del bien y la
verdad, es corrompido en el mismo instante en que se degenera la concepción del
bien objetivo. Al desligar la creación
artística de la verdad y el bien, y del orden metafísico, el subjetivismo
inmanentista introdujo el feísmo, la disonancia y el abstraccionismo
(deconstructivismo). La estética moderna quiebra la jerarquía del alma al
subordinar la razón a las pasiones desenfrenadas e instintivas, utilizando las
vanguardias artísticas, el rupturismo formal y la música desordenada como
eficaces instrumentos de guerra psicológica revolucionaria.
El “arte revolucionario” o “Contra cultural”, Subjetivismo
Abstraccionista, es la negación formal de estas tres notas (proporción,
integridad y claridad) y el repudio explícito de la forma inteligible. Como
bellamente explica Romano Amerio, si se niega la aptitud del entendimiento
humano para concebir esencias estables con similitud a lo real, la mente se
desvincula de las leyes de las cosas7. Al no tener ya el pensamiento
una relación esencial con el ser, la inteligencia no es medida por las cosas,
sino que pretende erigirse en su medida absoluta
Así, el pseudo “arte” (arte moderno),
caracterizado por el quiebro de la forma, la fealdad y el subjetivismo
abstraccionista, actúa como un potente agente sistemático de proletarización
cultural4, destruyendo la compostura, el pudor, el decoro, el sentido de
lo sagrado8. Al sustituir la belleza por la provocación, lo novedoso, lo
disruptivo y lo grotesco, moldea la psique contemporánea para aceptar el caos, el
feísmo, lo inmoral, la falsedad, lo informe, el vacío y el nihilismo:
1.
El quiebro sistemático de
la forma y la exaltación de lo informe y lo grotesco.
2.
La capitulación de la
inteligencia ante el torrente ciego de la pura sensibilidad desordenada.
3.
El imperio del no-ser y de
la Nada en la dimensión artística, modelando la psique contemporánea para
aceptar el escepticismo, el vacío existencial y el nihilismo
6. La "Guerra en las Tendencias" y el
Arte como Agente de Proletarización Cultural
En las páginas de
Revolución y Contra-Revolución, el insigne pensador Plinio Corrêa de Oliveira
desvela con penetración psicológica y metafísica de qué manera la Revolución
actúa en las zonas más profundas de las almas humanas a través del arte y la
cultura4. El Proceso revolucionario (subjetivismo abstraccionista) no
constituye una desviación inocente o éticamente neutra; actúa de manera
operativa en la degradación moral del hombre, afectando primero en las zonas
más recónditas de las almas: las tendencias y las costumbres (el sentido común)
Dios ha establecido misteriosas y admirables relaciones entre
ciertas formas, colores, sonidos y determinados estados de alma4.
Por este motivo, los estímulos estéticos poseen una fuerza colosal para moldear
las mentalidades e inducir a las personas, familias y pueblos a la adopción de
un estado de espíritu revolucionario4.
•
La Revolución en las
Tendencias: Antes de manifestarse en leyes políticas o tratados de teología
heréticos, el proceso revolucionario hería la sensibilidad de la cultura
cristiana en occidente mediante un paulatino ablandamiento moral. Al igual que
el orgullo y la sensualidad desatados exigen un liberalismo ético, estos mismos
impulsos reclaman en la estética un rechazo de toda regla, orden y proporción. Al
romper con las esencias y la fijeza de los arquetipos divinos, el arte moderno
exalta lo informe, lo muelle y lo grotesco. Las extravagancias artísticas
avanzadas y el feísmo adormecen de manera progresiva el control de la
inteligencia y el sentido del rigor racional.
•
La Tiranía de la
Sensibilidad: El alma humana, privada de formas ordenadas y asolada por la
disonancia y la fealdad moral, abdica de la ascesis y de la seriedad moral. Se
entrona el "culto a la espontaneidad"[22], donde el dinamismo puro y
el cambio por el cambio —"el movilismo"— son celebrados por encima de
la quietud del ser y de la posesión de la verdad.
•
La Vulgaridad Colectivista o La Proletarización
Cultural: Las extravagancias de las modas contemporáneas, el nudismo y el
rupturismo formal de las vanguardias artísticas avanzadas no son modas neutras4.
Son eficaces instrumentos de guerra psicológica revolucionaria destinados a
destruir el decoro, el pudor y el sentido de lo sagrado4. La
democratización generalizada de las costumbres, llevada a los extremos de una
vulgaridad sistemática, y la música percusiva y desordenada, adormecen el
control de la razón y entregan la voluntad del sujeto al imperio de las
pasiones inferiores. El sujeto es despojado del decoro, de la cortesía y del
pudor tradicional, quedando psicológicamente maduro para ser absorbido por el
totalitarismo de la masa inmanente o por las utopías de corte tribal de la
Cuarta Revolución.
Esta decadencia tendencial tiene su origen histórico en una
parte del Renacimiento neo-pagano1,4. Monseñor Marcel Lefebvre
denuncia en Le Détrônèrent que, bajo pretexto de arte, se introdujo en los
templos un naturalismo anatómico y sensual —un verdadero nudismo, ejemplificado
en la Capilla Sixtina— donde la deificación y exaltación de la carne eclipsó el
carácter sobrenatural de la Redención y la gracia1. Frente a este
desvío sensual, Lefebvre contrapone la apología del arte barroco de la
Contra-Reforma, al que define como un canto de victoria de la fe católica sobre
el pesimismo del protestantismo frío y desesperado1.
7.
La Desacralización del Espacio Litúrgico: El Escrutinio de Romano Amerio
La consecuencia más dolorosa y patente de este
feísmo inmanentista ha sido la deconstrucción y profanación de la arquitectura
sagrada y de la liturgia postconciliar, lo que Romano Amerio disecciona con
rigor clínico en Iota Unum7.
El arte religioso tradicional expresaba la noción
del templum (el espacio sagrado, el límite, el umbral) como una realidad
ontológicamente separada por excelencia para el culto divino7. La
nueva arquitectura sagrada contemporánea, por el contrario, ha adoptado como
principio absoluto la funcionalidad y el utilitarismo técnico, destruyendo la
noción de lo sagrado en sí mismo7. La arquitectura postconciliar ha
sustituido la noción ontológica de lo sagrado por el funcionalismo y el
utilitarismo técnico. La nueva arquitectura deconstructiva, pretende que
"lo sagrado está difuso en todo lo real", destruyendo la distinción
metafísica entre lo sagrado y lo profano bajo una falacia de tinte panteísta.
Amerio ejemplifica este colapso mediante tres
grandes aberraciones arquitectónicas y litúrgicas:
1.
El Descenso del Altar y la
Sustitución por la Mesa
En el rito católico preconciliar, el altar
simbolizaba el monte de Yahvé, la altura del Calvario sobre la cual se inmola
de manera incruenta el Sacrificio propiciatorio7. Al altar estaba
unida la noción de la estabilidad, excelsitud e inmutabilidad divina7.La
reforma litúrgica, al amparo del influjo democratizante y de la primacía de la
asamblea horizontal sobre el misterio, abatió el altar monumental para
sustituirlo por la grácil, sencilla y móvil mesa asamblearia7. Ello
traslada el eje de la Misa desde el drama del Gólgota hacia un mero banquete o
ágape fraternal de autocomplacencia comunitaria7.
2.
La Celebración Versus
Populum (Cara al Pueblo)
La introducción de la mesa obligó al sacerdote a
celebrar de cara a la muchedumbre y de espaldas al tabernáculo7.
Amerio califica este hecho de grave agravio al Santísimo Sacramento real,
cayendo en la abominación execrada por el profeta Ezequiel (Ez. 8, 16) de
sacrificar dando la espalda al Sanctum Sanctorum7. Además, la
celebración versus populumrompe la unanimidad de la Iglesia7. En el
rito tradicional, sacerdote y fieles miran todos juntos en la misma dirección
hacia Dios (visión teotrópica)7. Al colocarse frente a frente, la
Iglesia se reduce a una comunidad de concentración recíproca sobre el hombre,
donde el sacerdote se ve forzado a actuar como un director de escena teatral en
un espectáculo de mímica y commedia dell'arte7.
3.
El Caso de la Catedral de
Taranto de Luigi Nervi
Amerio analiza esta célebre catedral moderna como
el ejemplo paradigmático de la antítesis de los conceptos dogmáticos7:
• Inversión Jerárquica: Mientras el realismo y el sentido
común exige que el altar esté en alto para forzar al pueblo a elevar la vista, (simbolizando
el monte del sacrificio del Calvario hacia el cual el pueblo eleva su mirada
teotrópica), en Taranto el altar está en lo profundo, como si Dios estuviese en
el fondo y colocando al hombre en la cumbre7, en una perfecta
escenificación del giro antropocéntrico de la teología modernista.
• Disolución Panteísta: El autor rasgó la bóveda hacia el
cielo bajo la premisa funcionalista de que "el espacio exterior también es
sagrado"7. Esta pretensión de expandir lo sagrado fuera de sus
límites destruye de facto la noción de lo sagrado peculiar del cristianismo7.
Como enseña Amerio: la expansión de lo sagrado produce su aniquilación, del
mismo modo que el panteísmo es un ateísmo virtual7. “Quien declara
que todo es sagrado, en realidad está profesando que nada lo es, borrando el
carácter único del misterio eucarístico”.
. La Creatividad como Destrucción de la Rúbrica: Bajo el amparo de la "creatividad litúrgica", el
rito ha sido despojado de la fijeza canónica de sus rúbricas universales. Al
introducirse la improvisación subjetiva del celebrante, la Misa deja de ser la
renovación mística y objetiva del Sacrificio del Calvario para transformarse en
un espectáculo teatral y horizontal de concentración comunitaria sobre el
hombre.
8.
Intima Conexión entre la “Estética” y el Desmantelamiento de la Familia
Esta deconstrucción “estética” o la negación del
trascendental belleza, no se detiene en los muros de las iglesias o en los
lienzos de los museos; existe una correlación óntica que se proyecta de forma
inmediata sobre la Dimensión Familiar, que es el santuario de la vida natural y
la célula de la sociedad. En la teología del matrimonio y en la moral conyugal
se ha costatado lo que podríamos calificar como un "abstraccionismo moral
y familiar", el cual deconstruye las esencias naturales y destruye el
diseño providencial de la célula social.
Simultáneamente, el desmantelamiento de la moral
objetiva y el endiosamiento de los placeres sensitivos atacan directamente a la
institución familiar3. La legalización del divorcio, la difusión
masiva de la anticoncepción artificial —condenada por Pío XI en Casti
Connubii— y el progresivo desdibujamiento de las identidades naturales
minan la célula fundamental de la sociedad, preparando las condiciones para una
atomización social en la que la masa desarticulada queda inerme ante el poder
omnipotente del Estado totalitario3 (democracia liberal progre o
socialista).
El nexo metafísico entre la fealdad del arte
moderno y la destrucción de la familia se articula de manera simétrica al
desvío estético bajo tres aspectos ontológicos:
1. Pudor: El pudor no es una mera
convención social o una regla de cortesía histórica (no es el pietismo
protestante victoriano burgués); es una categoría de alcance ontológico que
protege la dignidad de la persona humana herida por el pecado original. El
feísmo y la vulgaridad sistemática de las modas desnudistas despojan al cuerpo
de su velo protector, rompiendo la jerarquía del alma y subordinando la
voluntad a la sensualidad desordenada. Sin el pudor, la sociedad desciende de
forma mecánica hacia un erotismo estéril que disuelve la nobleza del amor
conyugal.
2. Matrimonio: Del mismo modo que el
arte abstraccionista independiza la belleza del objeto real para subordinarla a
la emoción del sujeto, la teología innovadora (influenciada por el
existencialismo subjetivista) ha pretendido independizar el matrimonio de su
teleología natural. Al igual que la arquitectura modernista antepone la
utilidad pragmática y la comodidad del hombre al misterio divino, la teología
innovadora procedió a invertir los fines del matrimonio. Se postergó el fin
primario y objetivo del matrimonio (la procreación y educación de la prole) en
favor del fin secundario del amor conyugal subjetivo y la búsqueda del placer
mutuo. Al desligarse la unión del fin procreativo, se abrieron de facto las
compuertas para la aceptación de la anticoncepción artificial y la moral de
situación.
• Se operó la inversión de los fines del
matrimonio, postergando el fin primario y objetivo de la procreación y
educación de la prole (bonum prolis) en favor del fin secundario del amor
conyugal subjetivo y el desahogo de la concupiscencia.
• Esta desvinculación sustenta la anticoncepción
artificial, amparada bajo el sofisma modernista de la "moral de la
globalidad". Este error pretende que el deber de la fecundidad atañe a la
vida conyugal considerada globalmente y no a cada acto conyugal en sí mismo. Es
la separación entre el fin de la naturaleza (finis operis) y el fin de la
voluntad (finis operantis), reduciendo la sexualidad a una búsqueda egoísta de
sensaciones.
3. Paganismo (El Divorcio y el
Aborto): Desprovista de una ley moral absoluta cimentada en las esencias
inmutables, la familia es sometida al relativismo de la voluntad humana. La
legalización del divorcio y del aborto en naciones de tradición católica
representa el triunfo del positivismo de la mayoría estadística sobre el
derecho natural (verdad, bien y belleza objetiva). Como sentenció el teólogo
Carlo Caffarra y recoge Amerio, la introducción de la masacre legal de los
inocentes prenatales constituye una descomposición moral de nuestra
civilización que la sitúa por debajo de las mismísimas civilizaciones gentiles
y paganas, la sitúa en un estado de proto barbarie.
4. El Aborto como Monstruosidad Metafísica del Subjetivismo
La legalización de la masacre prenatal en
Occidente constituye el paroxismo del subjetivismo gnoseológico llevado al
orden jurídico. Amerio y Ramírez Carreño denuncian con pavor la teoría
defendida por jesuitas franceses de la revista Les Études, según la cual el
feto no es persona real si no es previamente "humanizado" a través
del acto de aceptación afectiva subjetiva de los padres. Esta herejía
gnoseológica y moral niega el ser del niño si este no es aceptado por el
sujeto. Al subordinarse el valor ontológico de la criatura al consentimiento
subjetivo, se comete un atentado formal contra el realismo del ser: el niño
posee el derecho a existir por su valor real en sí mismo, y no por la
arbitraria gracia de la voluntad paterna. Al legalizarse esta abominación, como
sentenció monseñor Carlo Caffarra, la civilización contemporánea se desliza por
debajo de las civilizaciones paganas e idólatras.
7. Cuadro Comparativo de las Etapas Revolucionarias y la
Respuesta Realista
|
Etapa Histórica
|
Error Filosófico Central
|
Dominio Afectado
|
Manifiesto / Expresión Clave
|
Respuesta y Refutación Realista
|
|
I Revolución (S. XVI)
|
Nominalismo / Subjetivismo religioso1.
|
Fe, el Magisterio,
la Santa Tradición y Sagrada Escritura1.
|
Sola Scriptura, Libre
Examen, Humanismo Pagano1, Antropocentrismo
|
Concilio de Trento; defensa de la gracia que
sana la naturaleza y afirmación de la Tradición eclesial2.
|
|
II Revolución (S.
XVIII)
|
Racionalismo, Idealismo, Inmanentismo1.
|
Estado, Política y Moral Social1.
|
Contrato Social, Culto a la Razón, Laicismo Estatal1.
|
Pío IX (Syllabus); Magisterio sobre la
sumisión de las leyes humanas a la Ley Natural e Inmutable1.
|
|
III Revolución (S.
XIX-XX)
|
Materialismo Histórico y Dialéctico2.
|
Economía, Estructura Social y Familia1.
|
Manifiesto Comunista, Lucha de Clases, Supresión de la Propiedad4.
|
León XIII (Rerum Novarum), Pío XI (Divini
Redemptoris); legitimidad de la propiedad privada y orden armónico2.
|
|
Modernismo Teológico (S. XX)
|
Inmanencia Vital, Relativismo Dogmático1.
|
Teología, Liturgia y Dogmas Eclesiásticos3.
|
Nouvelle Théologie, Teología de la Liberación, Dignitatis Humanae1.
|
San Pío X (Pascendi), Pío XII (Humani
Generis); reafirmación del Tomismo como norma del saber teológico3.
|
|
IV Revolución (S.
XX-XXI)
|
Estructuralismo, Tribalismo, Nihilismo4.
|
Psique, Cultura, Lenguaje y Estructura Humana4.
|
Revolución Cultural, Permisivismo Moral,
Deconstrucción4
(moral, política, ética y estética).
|
Reafirmación de la metafísica del ser,
ordenamiento de las pasiones a la razón y restauración sacral2.
|
8. Conclusiones y Síntesis de Acción
El análisis comparativo e histórico-filosófico desarrollado conduce a una
conclusión unívoca: la ideología modernista representa la culminación teológica
del vasto proceso de apostasía de la civilización occidental1. Al adoptar las premisas
del subjetivismo, del inmanentismo e igualitarismo moderno, el modernismo
intentó ajustar la Revelación divina infalible a las categorías de la cultura
secularizada y atea1 del momento.
El triunfo del Feísmo y la consecuente
Desacralización del Arte constituyen el asalto formal del orgullo
revolucionario y de la sensualidad contra el esplendor del Ser divino reflejado
en la creación7. Al entronizar lo grotesco, lo amorfo y lo
horizontal, la modernidad ha intentado arrebatarle a Dios su corona de belleza,
forzando a la Iglesia a deponer su fisonomía sobrenatural para diluirse en el hedonismo
de una civilización puramente laica y materialista.
El vaciamiento del tomismo
y la posterior desorientación de las estructuras eclesiales no produjeron el
anunciado florecimiento espiritual de la sociedad contemporánea, sino una
profunda crisis de fe, la pérdida de la noción del pecado original y de la necesidad
de la Redención de Cristo, y el sometimiento gradual de los pueblos al
materialismo y a la tiranía estatal1. Privado de la noción objetiva de Verdad (Bien y
Belleza) y sumergido en el relativismo dogmático y ético, el hombre
contemporáneo queda desarmado intelectualmente ante las construcciones utópicas
e ideológicas que buscan remodelar la naturaleza humana al margen del Creador1.
Para la superación de la crisis presente y la
neutralización del proyecto modernista exigen una profunda restauración teórica
y práctica fundada en el realismo tomista1. La única manera de detener la caída o la huida “siste
fugam”, e iniciar una auténtica reconstrucción de las costumbres, de las
familias y de la cultura pública, la caridad intelectual y
contrarrevolucionaria nos exige un retorno absoluto al realismo metafísico y a su
“estética”:
1.
En la esfera filosófica: Es imprescindible retornar a la metafísica del ser y a la
epistemología tomista de la adecuación “adaequatio intellectus et rei”,
reconociendo la trascendencia del “Ens a se” y la distinción absoluta
entre la naturaleza creada y la gracia divina1. El entendimiento debe
volver a ejercer su función rectora sobre la voluntad y la sensibilidad,
sometiéndose de nuevo a la verdad objetiva de las cosas e interpretando la
Sagrada Escritura a la luz inmutable de la Santa Tradición y del Santo Magisterio
de la Iglesia1.
2.
En la esfera Social: Es urgente combatir las utopías igualitarias y liberales
progres en todas sus manifestaciones4. Soportar con firmeza el combate tradicionalista
frente a la apostasía pública de las naciones, esto requiere proclamar
explícitamente el Reinado Social de Jesucristo sobre las naciones, defender la
santidad e indisolubilidad del matrimonio y de la familia, restaurar los
cuerpos intermedios y ordenar las actividades económicas y tecnológicas al bien
común temporal subordinado al fin eterno de la persona humana1 y, que, solo sometiendo
las inteligencias al Verbo inmutable de Dios, y las leyes civiles a la ley
natural del Creador, Occidente podrá salvarse de la tiranía tecnocrática y del
abismo de la disolución nihilista. Combatir el permisivismo moral y la
deificación del placer sensible mediante la restauración de la ascesis
cristiana, el velo del pudor y el respeto incondicional por la jerarquía de los
fines del matrimonio y la inviolabilidad de la vida
3.
En la esfera artística y
cultural: Es necesario restaurar la noción metafísica de
la belleza según los principios tomistas de la integritas, la debita proportio
y la claritas, combatiendo la fealdad, el subjetivismo y la descomposición del
arte moderno. Se debe revalorizar la función sacral y pedagógica de la cultura
y de las artes visuales, literarias y litúrgicas, restableciendo la armonía y
el decoro para educar la sensibilidad popular, oponer una barrera eficaz a la
revolución tendencial y elevar el espíritu humano hacia la contemplación de la
Belleza Increada.
4.
En la esfera religiosa: Restaurar el trascendental de la Belleza, revalorizar la
función sacralizadora de la alta pintura, de la arquitectura y del canto
litúrgico (singularmente el gregoriano), fundamentando la creación artística en
las inmutables notas tomistas de la integritas, la debita proportio y la
claritas, para elevar la sensibilidad popular hacia Dios.
Defender la Santidad de la Liturgia y el Templo: Desterrar el
principio modernista de la "creatividad" y la teatralidad,
recuperando la inmovilidad sagrada del altar del sacrificio, la orientación
teotrópica versus Deum y el velo protector de la latinidad sagrada.
Frente al proyecto modernista de edificar una civilización
antropocéntrica y laica fundada en la vacuidad del subjetivismo, la filosofía
realista reafirma el único camino de verdadera restauración: subordinar
nuevamente la inteligencia a la realidad, la voluntad a la Ley Moral divina, y
la sociedad humana al Señorío absoluto de Jesucristo1.
Obras citadas
1.
Le Destronaron, Del Liberalismo a la Apostasía,
La Tragedia Conciliar. Marcel Lefebvre.
2.
La Iglesia y Mundo Moderno. Julio Meinvielle.
3.
Infiltración, El Complot Para Destruir La
Iglesia Desde Dentro. Taylor R Marshall.
4.
Revolución y Contrarrevolución. Plinio Correa
de Oliveira.
5.
De Roma a Berlín 1, La Protestantización
de la Iglesia Católica. Gabriel Calvo Zarraute.
6.
Jesuitas, Iglesia y Marxismo. Ricardo De
La Cierva.
7.
Iota Unum. Romano Amerio.
8.
La hermeneútica de la (reforma en)
continuidad. El giro copernicano, https://rcharquina.wordpress.com/2025/12/22/la-hermeneutica-de-la-continuidad/
Obras consultadas
1.
Suma Teológica. Sto. Tomás de Aquino.
2.
Suma Contra Gentiles. Sto. Tomás de Aquino.
3.
De Veritate. Sto. Tomás de Aquino.
4.
Del Ente y la Esencia. Sto. Tomás de Aquino.
5.
Participación y Causalidad Según Tomás de Aquino.
Cornelio Fabro
6.
Metafísica. Aristóteles.
7.
Ética Nicomáquea. Aristóteles
8.
Poética. Aristóteles.
9.
El Ser Y La Esencia. Etienne Gilson.
10.
El Ente y los Trascendentales. Alberto Buela.
11.
El Realismo Metódico. Etienne Gilson.
12.
Ortodoxia. G. K. Chesterton.
13.
El Modernismo - Crisis en las Venas de la Iglesia.
Alfredo Sáenz.
14.
La Iglesia Ocupada. Jacques Ploncard D Assac.
15.
1962 Revolución en la Iglesia. Sac. Andrea
Mancinella.
16.
Oscura Rebelión en la Iglesia. Ricardo de la
Cierva.
17.
Encíclica El Syllabus de Pio IX.
18.
Encíclica Pascendi de San Pio X.
19.
Encíclica Quas Primas de Pio XI.
20. Encíclica Casti
Connubii de Pio XI.
21.
Encíclica Humani Generis de Pio XII.
22.
Encíclica Rerum Novarum de León XIII.
23.
Como la Iglesia Construyó la Civilización
Occidental. Thomas E. Woods
24. En Busca de Dios.
Edith Stein.
25.
Cultura y Anarquía. Arnold Matthew.
26.
Las Dos Ciudades, Iglesia y Masonería. Alberto
Barcenas.
27.
Serví a Lucifer Sin Saberlo. Serge Abad Gallardo.
28.
Cien Años de Modernismo. Dominique Bourmaud.
29.
El Rin Desemboca en el Tiber, Historia del Concilio
Vaticano II. Ralph M Wiltgen.
30. Concilio Vaticano II,
Una historia nunca escrita. Roberto de Mattei.
31.
La Lampara Bajo el Celemín. P. Álvaro Calderón.
32.
El Jesuita y Herético Teilhard de Chardin. Pbro.
Luigi Villa.
33.
El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios. Dietrich Von
Hildebrad.
34. El Liberalismo es
Pecado. Félix Sardá y Salvany.
35.
El Comunismo en la Revolución Anticristiana. Julio
Meinvielle.
36.
Poder Global y Religión Universal. Juan Claudio
Sanahuja.
37.
Prometeo, La Religión del Hombre. P. Álvaro
Calderón
38.
La Fragmentación: Categoría Estética de la
Modernidad. Sonia Mauricio Subirana.